Futuro almacenado

La consecuencia más inmediata de este espiral tecnológico que nos ofrece discos duros más pequeños y más baratos, pero con mayor capacidad de almacenamiento, es un cambio en los hábitos de los usuarios.

Estamos en este momento en una importante transición de cómo conservamos nuestra música digital, para mencionar solo un ejemplo. Un diminuto reproductor portátil –y su respectivo respaldo en un disco duro-, al alojar todas las canciones que queramos, vuelve obsoleta la colección de discos compactos.

Pero más importante aún, la concentración de la música en un solo lugar y el fácil acceso que proveen las técnicas digitales, nos permite tener mayor acceso a nuestra colección de música que si tenemos que revisar una colección de centenares de CDs para escoger un disco.

Por otra parte, el disco duro del grabador de video que suministra el proveedor de TV por cable o satélite, entrega una manera nueva de ver televisión, grabar más de un canal a la vez, “detener” la acción en vivo, reanudarla después y otras flexibilidades relacionadas con la visualización diferida de la programación de TV.

Todavía las grandes empresas del mundo digital se pelean por un modelo exitoso de entretenimiento casero, pero lo definitivo es que un disco duro de gran capacidad, conectado a Internet, va a ser una pieza clave de ese modelo.  

 

El galardón llega casi diez años después de un descubrimiento en los laboratorios

La gran capacidad de los discos duros 
se lleva el premio Nóbel de física

18 de octubre de 2007

Las 40.000 canciones que ofrece el último iPod no cabrían en un espacio tan pequeño, sin un avance teórico que data de 1988.

 

Froilán Fernández R.  
froilan@gmail.com

 Aunque el anuncio de los avances en las tecnologías de almacenamiento de información puede sonar a noticia vieja, la reciente concesión del premio Nóbel de física al francés Albert Fert y al alemán Peter Grunberg por sus contribuciones en el campo del almacenamiento magnético, viene a reivindicar el creciente rol de los discos duros en la preservación de contenidos digitales, tanto con fines empresariales como en el área de entretenimiento digital.

Entre el primer disco duro, el RAMAC I, introducido por IBM en 1956, y los minúsculos discos duros actuales, la evolución ha sido hasta más dramática que en el caso de la densidad creciente de los transistores, gobernada por la ley de Moore.

El RAMAC I pesaba una tonelada y su capacidad era de 5 MB. Más grande que una nevera actual, este disco duro pionero trabajaba todavía con válvulas al vacío y requería una consola separada para su manejo.

Como reproductor de música digital, este pionero del almacenamiento magnético hubiese sido completamente inútil: apenas tenía capacidad para dos canciones, o quizás menos.

Su gran mérito consistía en el que el tiempo requerido para el acceso a un dato no dependía de la ubicación física del mismo. En las cintas magnéticas, en cambio, para encontrar una información dada, era necesario enrollar y desenrollar los carretes hasta encontrar el dato buscado.

 

El salto cuántico

La tecnología inicial aplicada a los discos duros era relativamente simple. Consistía en recubrir un disco de metal con material magnético que luego es formateado en pistas concéntricas que se dividen luego en sectores.

El cabezal magnético codifica información al magnetizar diminutas secciones del disco duro, empleando un código binario de “ceros” y “unos”.  Los bits o dígitos binarios así grabados pueden permanecer intactos por años.

Originalmente, cada bit tenía una disposición horizontal en la superficie magnética del disco, pero luego se descubrió una manera de registrar la información de una forma más compacta.

El mérito de Fert y Grunberg fue el descubrimiento del fenómeno conocido como magnetorresistencia gigante, que a pesar de su nombre estrambótico, permitió construir cabezales de lectura y grabación más sensitivos y compactar más aún los bits en la superficie del disco duro.

De estos descubrimientos, realizados en forma independiente por estos investigadores, se desprendió un crecimiento vigoroso en la capacidad de almacenamiento en los  discos duros, que se elevó al 60% anual en la década de los 90.

En 1992, los discos duros de 3,5 pulgadas alojaban 250 MB, mientras que 10 años después habían superado los 40.000 MB ó 40 gigabytes (GB).

En la actualidad, ya nos acercamos al uso cotidiano de los discos duros con más de un terabyte (TB) o millón de megabytes.

Es notable que los modelos más recientes del iPod de Apple ya incorporen un disco duro de 160 GB, capaz de alojar unas 40.000 melodías digitales.

 

 

Música perpetua

 Hitachi, quien adquirió el negocio de los discos duros de IBM, anunció esta semana que a partir de 2008 ya estará entregando discos duros de un terabyte y superiores. Esto implica una capacidad para alojar más de 120 mil melodías digitales o casi 9 meses de reproducción continua.

Si bien parece exagerado, hay que recordar que la tendencia actual apunta a concentrar en un disco duro toda la información digital del hogar, fotografías y video además de la música.

Mark Kryder, profesor de la Universidad Carnegie Mellon, y reconocida autoridad en el mundo de los discos duros, dice que el video de alta definición es la dificultad mayor que enfrenta la tecnología actual de grabación. Mientras un disco típico puede grabar 100 horas de video, la televisión de alta definición exige mucho más capacidad y va a exigir una nieva revolución en los métodos técnicos de grabación.