Guerra cibernética podría
colapsar
servicios de tecnología de información
Las
tropas romanas mostraban una refinada habilidad práctica ofensiva cuando
sitiaban una ciudad o poblado rebelde, especialmente en el calculado corte de
los suministros de agua. Por muy aguerrido que fuese el contrincante, el corte
al acceso del vital líquido terminaba invariablemente en una rendición.
El
equivalente actual de cortarle a una ciudad el suministro de agua como táctica
de guerra, pudiera ser negarle a países enteros la capacidad de procesar,
proteger y transmitir información.
Ya no se
trata de una hipótesis o de considerar escenarios posibles de una guerra cibernética.
Una ciberguerra real ocurrió en abril pasado en Estonia, cuando el gobierno
decidió reubicar una estatua soviética que había sido construida después de
la segunda guerra mundial.
La
respuesta de nacionalistas rusos fue inundar con datos las redes del gobierno
estonio durante casi un mes, lo que ocasionó serios problemas a los sistemas de
información de ese país.
Ataque
coordinado
Lo que
se considera como la primera guerra en el ciberespacio surgió, según las
autoridades de Estonia, de computadores con direcciones ligadas a fuentes rusas,
pero en sus momentos pico, se integraron miles de PCs de sitios tan distantes
como Egipto, Vietnam o Perú..
Este
pequeño país ha avanzado mucho en el campo del gobierno electrónico, lo que
le hacía muy vulnerable a un ataque a los sistemas de información. Sin
infraestructura de TI, no hay ataque militar posible en estos tiempos, dice el
experto en seguridad Ralph Peters. “Una ley básica militar reza que las armas
son más efectivas cuando se usan en combinación con otras”, dice el experto.
El 26 y
27 de abril de 2007, luego de que se conociera la decisión de reubicar la
estatua, los sitios web más notorios de Estonia comenzaron a sucumbir ante un
ataque coordinado de robots de software, conocidos como botnets.
Frontera
desprotegida
El recién
encargado ministro de la defensa de Estonia, Jaak Aaviksoo, recibió un reporte
el 27 de abril con detalles del ataque cibernético que ya había inutilizado
los sitios web de los principales periódicos, el principal banco y cientos de
otros sitios.
Aunque
había evidencias de una invasión enemiga, las fronteras estaban en orden y no
había indicios de violación del espacio aéreo. Los “botnets” habían
entrado por la frontera menos protegida: Internet.
Aunque
no se trataba del primer ataque coordinado de botnets, ni siquiera del más
grande, sí se trataba de la primera vez que un estado era atacado virtualmente
en todos sus frentes digitales.
Los
ataques se dirigían a la infraestructura electrónica de Estonia, dijo más
tarde el ministro Aaviksoo a la revista Wired. “Todos los bancos importantes,
las compañías de telecomunicaciones, medios y servidores de nombres –las guías
telefónicas de Internet—sintieron el impacto y la mayoría de la población
estoniana se vio afectada. Esta fue la primera vez que un botnet amenazó la
seguridad de toda una nación”.